La obesidad infantil responde a una acumulación de grasa por encima de lo que le correspondería a un niño según sus características propias (edad, altura, sexo). Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) “en 2010, alrededor de 40 millones de niños menores de cinco años de edad tenían sobrepeso.” Estos datos, sin duda alarmantes, se deben a la falta de hábitos de vida saludables: dieta equilibrada y más ejercicio, son dos asignaturas pendientes en el día a día de los más pequeños. El ritmo de crecimiento de los niños cambia a de manera vertiginosa, lo cual incrementa la necesidad de una mayor atención en su dieta. No existe un patrón único a la hora de abordar el menú que deben seguir los más pequeños, pero sin embargo, sí hay que tener muy en cuenta el hecho de crearles hábitos alimenticios sanos. Pasar de la comida basura, a una mayor ingesta de alimentos que les aporten los valores nutritivos y enérgeticos necesarios, evitar una infancia frente a la videoconsola, el ordenador y la televisión, promover actividades dinámicas, que motiven a una mayor actividad física de manera regular, y evitar la ingesta abusiva de bollería industrial y bebidas gaseosas, son algunas de las claves para prevenir esta preocupante tendencia.

Recuerda…

  • La obesidad infantil puede derivar en importantes consecuencias para la salud física y mental.
  • La obesidad es un mal prevenible.

Sabías que según la Organización Mundial de la Salud…

“…la obesidad infantil se asocia con una mayor probabilidad de obesidad, muerte prematura y discapacidad en la edad adulta. Pero además de estos mayores riesgos futuros, los niños obesos sufren dificultad respiratoria, mayor riesgo de fracturas e hipertensión, y presentan marcadores tempranos de enfermedad cardiovascular, resistencia a la insulina y efectos psicológicos…”